... pero tan excelente noticia no podía pasar como si nada y para poder festejar tan excelente negocio invité a mi novia a cenar a uno de los mejores restaurantes de la ciudad, después la llevé a bailar a una discoteca de moda y le regalé una hermosa pulsera y gargantilla de oro. Naturalmente los pagos se hicieron con American Express.
Después de algunos meses pude tomarme una merecidas vacaciones en mi trabajo y decidimos hacer un pequeño viaje de turismo interno. Compramos los pasajes, hicimos las reservaciones en un bonito hotel y contratamos un tour para poder conocer la ciudad y sus alrededores. El pago con American Express. Después de haber pasado una semana realmente apasionante y haber visto y visitado los más bonitos lugares regresamos a Lima a proseguir nuestra rutinaria vida.
Llegado fin de mes me llegó no sólo la cuenta de Visa, quienes me habían comprado amablemente la deuda de mi Amex, sino también me llego la cuenta de Amex por todos los gastos hechos en mi pequeño viaje de vacaciones. Pero esto no me preocupó mucho pues si bien lo que tenía que pagar en VISA era una cantidad fija, con AMEX podía pagar el “monto mínimo” por supuesto fue esto lo que hice.
Y mi vida seguía fluyendo monótonamente de esta manera hasta que ambas tarjetas se vieron con sus líneas al tope y sin posibilidades de seguir siendo utilizadas para compras.
Pero porque preocuparme por estas cosas si el banco se puede preocupar por mí. Dicho y hecho me ofrecieron un préstamo personal (que bonito suena) para poder pagar la deuda de mis queridas dos amantes (Amex y Visa). Acepté en el acto y cancelé la deuda de ambas tarjetas, ¡que alivio!
Realmente se siente muy bien, pero esta euforia en realidad dura poco tiempo. Pues al llegar fin de mes la cuenta de mi préstamo personal no se hizo esperar. Pero que bueno, pues ahora sólo tenía que pagar una sola cuenta, aunque esta era mayor era más fácil de controlar, pues además era fija.
Parece mentira que la sensación de paz y tranquilidad que nos proporcionan las tarjetas de crédito en realidad sólo pueden compararse con los dolores de cabeza y las noches en vela que nos proporcionan una vez que las hemos utilizado de manera descontrolada. Fue así que debido a que el préstamo personal constaba de cuotas fijas que debía pagar a fin de mes nuevamente me descuidé y dejé que ellas tomaran cuenta de mi vida. Es mucho más fácil sacar una tarjeta de crédito para pagar por alguna cosa, que hacer el pago de inmediato. Al parecer diferir el pago de manera indefinida nos hace sentir mejor. De lo que no nos percatamos es que al único que beneficia esta acción de nuestra parte es al banco que administra las tarjetas de crédito.
Esto es lo que podríamos llamar una deuda mala, pues lo único que conseguimos con ella es retirar más y más dinero de nuestro bolsillo mes tras mes. Y aunque no lo creamos poco a poco estas deudas van tomando el control de nuestras vidas y les van quitando el color cubriéndolas de un gris desesperante.
Es importante el terminar cuanto antes con ellas y convertirlas en deudas buenas. Sólo de esta manera podremos comenzar nuestro camino hacia la ansiada independencia financiera.


la tarjeta de credito o debito cuantas menos mejor
En realidad mi estimado Manuel, no es muy importante cuantas tarjetas de crédito o débito tengas, lo esencial en esto, es como las manejas.
Un Abrazo
Augusto