¿Desde hace cuanto eres un trabajador? ¿Porqué siempre esperas con ansias el cheque quincenal? ¿Crees que podría haber una mejor forma de ganar dinero?
¿Qué es lo mejor para nuestro dinero? Esta pregunta es hecha de manera constante cada vez que tenemos una pequeña cantidad de efectivo en nuestros bolsillos y no sabemos que hacer con ella.
En algunos casos decidimos poner el dinero a trabajar en un pequeño negocio, el que somos nosotros mismos los que administramos. Entonces nos ponemos a trabajar y pasamos de ser empleados a convertirnos en autoempleados y después de un tiempo, nos damos cuenta, que no hemos salido de nuestra "carrera de ratas" pues continuamos haciéndonos cargo al 100% de que el negocio funcione. Es así que nuestro sueño de convertirnos en inversores se ve postergado de manera continua.
La solución para poder ganar dinero, no necesariamente está en hacernos cargo personalmente de las cosas, pues como decía mi abuelo "Para que voy a poner betún a mis zapatos, si puedo pagar para que alguien más lo haga por mí". Es importante tener en cuenta que para poder poner una panadería debemos de saber hacer pan y si no sabemos hacerlo, debemos de poder decidir dejar el negocio en manos de alguien que sí sabe. Esaquí donde entra la confianza yel hecho de dejar nuestro dinero en otras manos.
Claro, esto al inicio nos causa temor y es muy natural, pero justamente este es el paso para dejar de ser un autoempleado y convertirnos en inversionistas.
Si no tenemos ningún proyecto en cartera y ningúno de los que nos puedan presentar nos convencen, la mejor alternativa en estos momentos la podemos encontrar en.......
Todos podemos ser periodistas. Siempre he creído eso, y la existencia en la web de blogs sobre los más diversos asuntos terrestres es una prueba exquisita de ello. Publicar nunca fue tan fácil. Basta apretar unos cuantos botones, algunos de los cuales ni siquiera existen realmente. Clic, clic, clic. Viva la blogósfera. Clic, clic, clic. Naturalmente, activar los tibios mecanismos de la nostalgia es una forma efectiva de que te lean. Arma tu blog, lector. Pon tu foto. Sonríe. Escribe sobre combis, la combi vende: no es un vehículo de transporte, es un concepto, una idea, una cúmulo de sensaciones que se te pegan a la epidermis como los más densos vapores de la memoria. Un relato en combi es igual a miles de relatos en combi. Mi experiencia es la tuya. Es como copiar (Ctrl C) y pegar (Ctrl V) una reacción electrónica en tu corazón. Y es fácil. Arma tu blog, lector, verás que funciona. Es preciso, sin embargo, matizar esta invocación con responsabilidad gremial y utilizar la corta experiencia que me ha tocado vivir (ver Perfil) para impartir ciertas lecciones aprendidas en mi arenoso deambular por salas de redacción, páginas webs, e inútiles kilómetros de hojas escritas. INSTRUCCIONES PARA ESCRIBIR SOBRE UN ACCIDENTE DE COMBI 1. Cuando se produce un accidente de combi, el relato debe comenzar, por regla, con la frase “una maniobra temeraria”. Llámese así al súbito quiebre de timón, el atolondrado hundimiento del pie al acelerar, la certidumbre infundada de que el carril contrario segurá vacío tres segundos después, o cualquier otra decisión arbitraria del chofer (Veáse Rubén Blades) que encaje en la trágica categoría de imbecilidad fatal. 2. Los vecinos no quedan estupefactos, absortos o sorprendidos, sino conmocionados. Conmoción suena a emoción, pero más hard, remite a un montón de gente llevándose la mano a la boca antes de estallar en sonoro e incontenible llanto. 3. La palabra accidente, dicha así, sola y sin atributos, luce vacía y evidencia el frío corazón del reportero. Por ello, debe anteponérsele el adjetivo “fatal”. Así tendremos “fatal accidente”, una forma cálida, afectada y solemne de describir un suceso que, por su naturaleza, no debe tener jamás por destino el vil aprovechamiento comercial de algún respetable diario tabloide. 4. Los pasajeros no mueren, pierden la vida o, si el redactor quiere abreviar, fallecen. En ocasiones, la muerte es provocada por un fuerte y repentino golpe en la cabeza, y en esos casos se debe decir que NN sufrió un traumatismo encéfalo-craneal, “muriendo instantáneamente”. 5. Debe evitarse afirmar que el chofer de combi estaba borracho. Los lectores merecen respeto, y hay que considerar que nos leen padres de familia que pueden sentirse comprensiblemente ofendidos. “Estado de ebriedad” sigue funcionando bien, y “estado etílico” es igual de efectivo, además de evidenciar la amplia cultura del redactor. 6. Un reportero debe saber mirar. Sobre todo en estos días de periodismo de autor. Durante la cobertura del luctuoso suceso, es menester preguntar al chofer de la combi qué canción sonaba al momento del impacto. Así, podemos conferir mucho color a nuestro relato con solo una maniobra ágil de cronista. Ej: “En la radio, un hombre inundaba el ambiente proclamando ‘salí con tu mujer’, cuando un súbito resplandor de un faro…”. En caso de que el chofer de combi haya resultado fenecido producto del accidente, debemos trasladar la pregunta al cobrador abollado, a la pasajera en crisis nerviosa, o al jubilado quejumbroso que, aún después del accidente, sigue sermoneando al fenecido conductor. 7. El redactor debe extraer las más hondas confesiones de la boca del chofer en estado de ebriedad. Con frecuencia, el chofer tratará de ocultarse entre los fierros retorcidos y negar con la cabeza. Es bueno entonces indignarse y exclamar: “Oye, ¿por qué huele a alcohol tu boca, ah?, ¡Habla pues maldito!” ¿Qué le dirías a un chofer de combi ebrio si lo tuvieras al frente? Extraído de http://s16000.gridserver.com/combimania/
¡Cómo!, dirá usted. “¿A quién se le ocurre que la escasez pueda ser la base del bienestar?" Pues, por mucha sorpresa que pueda causarle, esto es lo que sostienen muchísimas personas. De hecho, ni siquiera se lo cuestionan, sino que lo dan por sentado, e incluso es la más popular de las teorías. La abundancia, sostienen, es perversa y reduce el bienestar.
Diariamente escuchamos a los productores nacionales decir: “El mercado está siendo inundado con productos extranjeros y baratos”. Ergo, tememos a la abundancia. O frases como “Hay una sobreproducción de bienes”, lo que indica también que tememos a la abundancia. O que en los Tratados de Libre Comercio hay que excluir los servicios profesionales, para evitar que los extranjeros vengan a Panamá a brindar sus servicios y compitan con los nacionales. O sea, no queremos más servicios, sino que por contrario queremos menos.
¿No me cree? Fíjese en lo que hace el Estado en materia de política económica. Se establecen altos aranceles y otras barreras para inhibir la importación de productos extranjeros. ¿Y cómo logra esto la política arancelaria? Pues sencillamente porque provoca disminución en la oferta de bienes y servicios, ya que impide y elimina de un plumazo la abundante oferta extranjera. Y cuando el Estado sigue una política dirigida a disminuir la oferta de bienes y servicios, necesariamente nos alejamos de la abundancia y nos acercamos a la escasez. Aparte de la política arancelaria, la misma finalidad (escasez) se logra con barreras al libre mercado, barreras a la competencia extranjera, barreras fitosanitarias excesivas, y otras restricciones al libre comercio.
Pero, ¿cómo puede ser que nuestra política económica esté encaminada a asegurarnos escasez, en lugar de abundancia? ¿Cómo se explica que las personas confundan las cosas de esta manera y relacionen bienestar con escasez? La causa de esta ilusión está en un entendimiento imperfecto del intercambio económico. Si analizamos nuestro propio interés como individuos, nos damos cuenta que es ambivalente: como vendedores nos interesa que los precios sean altos, y por tanto, que haya escasez; como compradores, en cambio, queremos que los precios sean bajos, lo cual implica que haya abundancia de bienes. ¿Cuál de estos dos es entonces el verdadero interés de la Humanidad?
Si el Hombre fuese un animal solitario, y cada individuo trabajara solamente para sí mismo, consumiendo directamente los frutos de su labor, es obvio que no habría intercambio económico. La ilusión de la escasez como base del bienestar jamás habría surgido, y sería evidente que el interés de todo individuo estaría en la abundancia de bienes. A ninguna persona se le ocurriría pensar que, para mejorar su propia situación, debería limitar su acceso a los bienes que necesita. Muy fácilmente llegaría a la conclusión de que el trabajo no es un fin en sí mismo, sino un medio, y que sería absurdo rechazar el fin con tal de no perjudicar al medio. Un individuo en tal situación entendería que, si dedica dos horas al día para proveerse sus necesidades, cualquier circunstancia que le ahorrase una hora de su trabajo dándole el mismo resultado, traería como consecuencia que ahora tenga una hora más disponible para dedicarla a otra actividad que le produzca bienestar. En otras palabras, entendería que cualquier circunstancia que le produzca un ahorro en trabajo es progreso puro.
Pero el intercambio económico nubla nuestra visión de tal modo que ya no vemos esta simple verdad. En la sociedad, con la división del trabajo, un mismo bien es producido y consumido por individuos distintos. Cada persona llega a considerar su propio trabajo, no como un medio, sino como un fin en sí mismo, puesto que el intercambio económico crea, con relación a cada bien, dos intereses: el de su productor y el de su consumidor, y ambos intereses están siempre en contraposición inmediata.
El productor quiere que los precios sean altos, y por tanto que haya escasez de éstos. El productor quiere además ser el único, o uno de los pocos que se dedican a producir el bien en cuestión, y que en cambio haya la mayor cantidad de personas posible en busca del bien que aquél produce. Si una persona produce maíz, y repentinamente sus competidores en el mercado sufrieran pérdidas totales en sus cultivos de maíz, aquélla será la única oferente de maíz en el mercado y por tanto los precios subirán, puesto que hay escasez. ¿Acaso no estará contenta dicha persona?
En cambio, el consumidor tiene interés en que haya la mayor cantidad posible de personas ofreciendo un producto. En el ejemplo del maíz, como en cualquier otro caso, el consumidor sufre si hay escasez.
Debido a que los intereses de los productores y de los consumidores están contrapuestos, el Estado entonces debe decidir cuál de los dos intereses impulsará. Si nos vamos por la lógica democrática, concluimos rápidamente que el Estado debe impulsar aquello que va en interés de las mayorías.
Si consideramos el interés inmediato del consumidor, nos damos cuenta que coincide plenamente con el interés general de la sociedad, o sea, el que provee más bienestar. Cuando un consumidor va al mercado, desea que éste se encuentre abundantemente provisto. Desea que el clima sea propicio para todos los cultivos; que haya más y más inventos y adelantos tecnológicos produciendo mayor cantidad de productos y satisfacción; desea que haya más ahorros en tiempo y trabajo; desea que las distancias se acorten y que los aranceles sean eliminados.
Pero en Panamá no tenemos esta teoría de la abundancia, sino una teoría de la escasez. Nuestra política económica está dirigida a evitar la competencia en todos los sectores económicos, quizás con la única excepción de los servicios puramente financieros. ¿Por qué? Porque nos gusta la escasez, no la abundancia.
¿Podemos traer leche de otros países a precios de veinte centésimos por litro? Pues eso es malo. Mientras menos leche tengan los panameños, y a mayor precio (usted paga aproximadamente setenta centésimos por litro), tanto mejor, porque tememos a la abundancia y amamos la escasez. ¿Podemos traer arroz de buenísima calidad americana a B/ 12.00 por quintal? Malvados y avaros aquellos que propongan esto, cuando perfectamente podemos seguir comprando nuestro arroz caro de B/ 28.00 el quintal. Como en Panamá no hay pobres, no hay necesidad de traer leche y arroz baratos. Recuerden: necesitamos escasez, no abundancia, así que mientras menos riqueza tengamos, más felices seguiremos siendo los panameños.
Debemos acabar de una vez por todas con esta absurda tesis de que lo que le conviene al país es la escasez de productos y servicios. Lo que necesitamos es abundancia, y esto no se logra con proteccionismos, ni altos aranceles, ni altos impuestos, ni restricciones al trabajo y a la libre empresa. Los panameños necesitamos que se nos deje libres de escoger a quién queremos comprarle las cosas que necesitamos. Si los panameños podemos obtener productos y servicios extranjeros a mejores precios que los nacionales, nadie tiene derecho a prohibírnoslo. Hacerlo es cometer una violación a los derechos humanos de los panameños, especialmente los pobres que tienen hambre y no pueden comer arroz ni leche, porque alguien decidió que los productos extranjeros son “demasiado baratos”. Mientras sigamos con estas falsedades, bien podemos olvidarnos de todo el discurso sobre pobreza que tan de moda está. Ya es hora de que a los pobres se les permita comer, en lugar de obligarlos a pasar hambre con la excusa de sostener a los productores nacionales. Ya es hora de que dejemos la política de la escasez y abracemos la política de la abundancia.
Extraído de Diario La Prensa, 31 de marzo de 2003.
Trabajáis para seguir el ritmo de la tierra y del alma de la tierra.
Porque estar ocioso es convertirse en un extraño en medio de las estaciones y salirse de la procesión de la vida, que marcha en amistad y sumisión orgullosa hacia el infinito.
Cuando trabajáis, sois una flauta a través de cuyo corazón el murmullo de las horas se convierte en música.
¿Cuál de vosotros querrá ser una caña silenciosa y muda cuando todo canta al unísono?
Se os ha dicho siempre que el trabajo es una maldición y la labor una desgracia.
Pero yo os digo que, cuando trabajáis, realizáis una parte del más lejano sueño de la tierra, asignada a vosotros cuando ese sueño fue nacido.
Y, trabajando, estáis, en realidad, amando a la vida. Y amarla, a través del trabajo, es estar muy cerca del más recóndito secreto de la vida.
Y yo os digo que la vida es, en verdad, oscuridad cuando no hay un impulso.
Y todo impulso es ciego cuando no hay conocimiento.
Y todo saber es vano cuando no hay trabajo.
Y todo trabajo es vacío cuando no hay amor.
Y cuando trabajáis con amor, os unís con vosotros mismos, y con los otros, y con Dios.
¿Y qué es trabajar con amor?
Es tejer la tela con hilos extraídos de vuestro corazón como si vuestro amado fuera a usar esa tela.
Es construir una casa con afecto, como si vuestro amado fuera a habitar en ella.
Es plantar semillas con ternura y cosechar con gozo, como si vuestro amado fuera a gozar del fruto.
Es infundir en todas las cosas que hacéis el aliento de vuestro propio espíritu.
... El trabajo es el amor hecho visible.
Y si no podéis trabajar con amor, sino solamente con disgusto, es mejor que dejéis vuestra tarea y os sentéis a la puerta del templo y recibáis limosna de los que trabajan gozosamente.
Porque, si horneáis el pan con indiferencia estáis horneando un pan amargo que no calma más que a medias el hambre del hombre.
Y si refunfuñáis al apretar las uvas, vuestro murmurar destila un veneno en el vino.
Y si cantáis, aunque fuera como los ángeles, y no amáis el cantar, estáis ensordeciendo los oídos de los hombres para las voces del día y las voces de la noche. Extraído de "El Profeta" - Khalil Gibrán
"Escoge un trabajo que te guste, y nunca tendrás que trabajar ni un sólo día de tu vida." Confucio
Cuando comenzamos a ver que el verano se acerca y es inevitable el tener que utilizar menos ropa, o por lo menos que la ropa que usamos sea más ligera delgada y breve, nos invade en tropel la idea de bajar de peso de manera rápida. Sólo de esta manera podré lucir bien ese vestido de moda o esa camiseta que tanto me gusta y que el otro día la vi por televisión siendo usada por un modelo de pasarela.
Comienza entonces una dieta estricta un régimen de ejercicios agotador y un ritmo de vida que en poco menos de un mes me ha permitido bajar 2 o 3 kilos pero que me tiene loco pues me estoy muriendo de hambre.
Las tostadas con yogurt del desayuno y la ensalada de vegetales del almuerzo no consiguen mantenerme ecuánime por más tiempo. De pronto estoy paseando por el centro comercial y una señorita muy amable coloca una bandeja llena de ricas galletas recién horneadas frente a mí y me invitan aprobarlas.
Yo he sido un(a) buen (a) muchacho (a) he seguido al pie de la letra mi régimen dietético no he comido ni un gramo más de lo que se me indicaba y empieza a sonar una vocecita dentro de ti que dice: “Vamos pruébalas. Te haz portado bien. Como sólo un pequeño trozo de galleta” y de pronto te das cuenta que ya estás comprando toda una bolsa para llevar a casa. Pero esa bolsa no llega a salir del centro comercial. Y de un momento a otro usted pesa 6 kilos más que cuando empezó la dieta. La acción de llevar una dieta extrema conduce a una reacción de comer en exceso. Aunque no existe una solución para la pérdida instantánea de peso, si existe una solución para el despilfarro y las deudas con las tarjetas de crédito. Pero esta solución lleva adosado un precio ¿estamos dispuestos a pagarlo?
Se podría decir que hay muchas cosas en la vida más importantes que el dinero ¡Pero cuestan tanto¡ Si realmente estamos convencidos que el dinero no nos da la felicidad, entonces estamos en un serio problema. Sino díganme ¿qué hacen los que no tienen dinero para divertirse? hij...
En realidad cancelar las tarjetas de crédito no hace feliz a nadie, de lo contrario nadie las utilizaría, pues una de las razones principales por la que las personas gastan dinero, es porque las hace felices. Entonces eliminar la tarjeta de crédito no le agrada a nadie, pues nadie quiere dejar aquello que le gusta. Al final todos desearíamos tener más dinero, gastarlo y poder disfrutar de la vida. Las únicas personas que dicen que el dinero no da felicidad son aquellas que tienen mucho dinero y son infelices. O aquellas que de plano no pueden ser felices.
Entonces llegó el momento de saber la diferencia entre la deuda buena y la deuda mala. Para resumir el tema, la deuda buena es aquella que alguien más paga por tí y la deuda mala es aquella que tienes que pagar con el sudor de tu frente.
LOs ricos tienen más deudas que los pobres, la diferencia es que ellos tienen deudas buenas y los pobres están llenos de deudas malas.
Es el sueño de casi todo emprendedor: Tener una idea bien simple que enseguida conquiste el mercado. Las leyendas de los emprendedores con éxito están llenas de historias de individuos que invirtieron todos sus ahorros para abrir un negocio en un sótano, garaje, o en una tienda, que llegaron a tener mucho éxito. Nombres como Ford Motor Company, Apple Computers y Performance Cycle son ejemplos de estas empresas de carácter emprendedor, que crecieron de sus humildes comienzos hasta posicionarse y ganar cuota de mercado en sus respectivos sectores. Harvey Harris, tuvo este tipo de “sueños” en su compañía Grandmother Calendar Co.
La idea tras la compañía Grandmother Calendar era sencilla. Harris distribuía calendarios personalizados para los clientes, con dibujos o fotografías que ellos mismos traían. Los calendarios podían incluir minuciosos collages, certificados de nacimiento, carnets y otros papeles oficiales que eran escaneados y plasmados en el documento final. También se podían personalizar fechas especiales dentro del contenido del calendario. Harris ofrecía un producto de alta calidad a partir de un precio de 20 dólares, unos 5 dólares menos que su producto rival, si bien las características especiales incrementaban el precio.
Las tiendas de tarjetas de felicitación, las de recuerdos, las farmacias, e incluso tiendas de moda como Kmart, vendían el kit del Grandmother Calendar que se enviaba por correo a clientes especiales. Este kit, incluía instrucciones para diseñar el calendario y marcar fechas señaladas. Los clientes podían completar las instrucciones, adjuntar fotografías, dibujos o documentos que quisieran incluir en el calendario, y después enviar estos materiales a la sede de Grandmother Calendar en la ciudad de Oklahoma.
Cuando se recibía un pedido de calendario en la fábrica, las fotos, dibujos y documentos eran escaneados por computadora, organizados y editados según la petición del cliente. A la vez se introducían en la computadora los datos de las fechas señaladas como aniversarios y cumpleaños. Para fabricar el calendario, las imágenes y la información eran combinadas electrónicamente. Después el calendario era impreso, encuadernado y enviado al cliente.
La idea era bastante simple, y la tecnología no era excesivamente difícil de manejar… al menos no lo era en circunstancias normales. El problema fue el éxito alcanzado y su rapidez. Una tienda, Paragon Gifts, vendió 25,000 calendarios en seis meses. Era el triple de lo que Harris había calculado. Según se acercaba la época de Navidad, los pedidos llegaban más rápido de lo que podían ser atendidos. Para hacer frente a esta cantidad de pedidos, Harris incorporó nuevo equipo y presionó a los empleados para acelerar la producción, pero fue un cambio pequeño y tardío. Ya en Navidad la producción diaria de 300 calendarios quedaba muy por detrás del nivel de los 1,000 pedidos que llegaban diariamente. Miles de encargos quedaron sin atender.
La presión de la demanda presagiaba el comienzo de un desastre. Los equipos comenzaron a fallar por exceso de uso, y los empleados comenzaban a cometer errores. La calidad de los calendarios que conseguían hacer, era escasa por el color deficiente y por los fallos de ortografía. Las tiendas que vendían los calendarios no fueron puestas al corriente de estos problemas, y continuaban vendiéndolos a un número de clientes no previsto. Definir la cadena de distribución producción y servicio y por favor definir los canales de producción-distribución-servicio al cliente asi como proveedor-empresa-cliente. Esto incremento más los retrasos. No hay que olvidar la sensibilidad de este producto y este mercado al tiempo de entrega. Los calendarios, especialmente los elaborados a la medida del cliente, son artículos de regalo en Navidad y Año Nuevo. Las pérdidas de ventas en diciembre no suelen recuperarse en enero, y los clientes insatisfechos no suelen tener mucha paciencia. En diciembre, estaba claro que Harris tenía serios problemas. La compañía escribió a los clientes intentando asegurarles que tendrían sus calendarios pero no a tiempo para la Navidad. A finales de diciembre, los cheques de muchos trabajadores de Grandmother eran rechazados. Finalmente a principios de enero, la compañía cerró por completo, no por falta de clientes, sino por la imposibilidad de atender la demanda.
Como consecuencia, los empresarios que vendieron los calendarios intentaron cerciorarse de que las fotos, documentos, y otros materiales eran devueltos a los clientes. La mayoría de ellos recibieron los reembolsos del cargo básico de 20 dólares, pero los encargos más caros por incorporar características especiales, no se reembolsaron. Los acreedores y los proveedores, buscan en lo que queda de Grandmother, algo de valor para satisfacer sus reclamaciones. La oficina del Fiscal General también está investigando este fracaso.
¿Qué es lo que falló en la compañía Grandmother Calendar? De alguna forma Harris fue víctima de su propio éxito. Tuvo claramente una gran idea, un buen producto (al menos hasta que llegó la cantidad de pedidos), y un buen nicho de mercado. Sin embargo, Harris carecía de las habilidades de gestión y organización necesarias para dirigir su empresa. No había previsto ese nivel de aceptación. Grandmother fue infracapitalizada. La compañía carecía de los recursos para incorporar suficiente equipo y personal para atender la avalancha de pedidos. Harris admitió: “cometí errores, no soy abogado, ni contable, no estaba al tanto de recibos, pagarés, y fondos. Debería haber tomado mejores decisiones”. Comentando el fracaso de Grandmother, un antiguo empleado aludía al hecho de que no era más que una pequeña empresa.
En Verdad, ¿Cuál fue el problema? ¿Se muere por falta de clientes o por exceso de los mismos?
Antes de leer este post, les recomiendo leer la primera parte.
Las Normas. Igual que autopistas, nos llevan de la mano por un sendero preestablecido. Nada que esté fuere de ese camino ya trazado es aceptable. las leyes y normas fueron hechas para ser respetadas y cumplidas.
Claro, si aún estuvieramos aceptando que nada más pesado que el aire puede volar, estaríamos viajando en auto, tren o barco y esos viajes demoraría dias o semanas enteras.
Hace poco leí el esrito de un amigo sobre las "personas bonsai", debo decir que me sentí identificado con todo lo expuesto.
Si bien todos nacemos con el mismo potencial para desarrollarnos y obtener éxito y todo aquello que queramos, la frase que más escuchamos desde que somos niños es "tú no puedes hacer eso". Es en este momento en que la sociedad nos va "alambrando" igual que a esos pequeños arbolitos para modelarnos de acuerdo a las normas y leyes que son naturales para las personas civilizadas.
A medida que nos convertimos en adultos, la "realidad"
se impone y nuestros sueños comienzan a parecernos
lejanos e inalcanzables . Pero el destino del hombre
no es ser un Bonsai. Es luchar diariamente y enfocarse
en sus mayores sueños, desarrollando todo su potencial
para alcanzarlos.
Seamos valientes y comencemos a gritar que lo más pesado que el aire si puede volar. Vayamos detrás de nuestros sueños y convirtámolos en realidad. No permitamos que los demás nos digan que podemos o no podemos hacer. Salgamos de la mediocridad y saquemos la cabeza de entre la multitud. No dejemos que nuestra excusa sea, "si todos son así,¿porqué debo de ser diferente?"
Contando una vez más una historia conocida por todos
El Rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al
maestro de cetrería para que los entrenara. Pasados unos meses, el
instructor comunico al rey que uno de los halcones estaba
perfectamente educado, pero que al otro no sabía lo que le sucedía:
No se había movido de la rama desde el día de su llegada a palacio, a
tal punto que había que llevarle el alimento hasta allí.
El Rey mando a llamar curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie
pudo hacer volar al ave. Encargo entonces la misión a miembros de la
corte, pero nada sucedió. Por la ventana de sus habitaciones, el
monarca podía ver que el pájaro continuaba inmóvil.
Publicó por fin un bando entre sus súbditos, y, a la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente en los jardines. Traedme al autor de ese milagro, dijo.
Enseguida le presentaron a un campesino. ¿Tu hiciste volar al halcón?
¿Como lo hiciste? ¿Eres mago, acaso?
Entre feliz e intimidado, el hombrecito solo explico:
No fue difícil, su Alteza: solo corté la rama. El pájaro se dió cuenta que tenía alas y empezó a volar"
¿Sabemos que tenemos alas? ¿Sabemos que podemos volar y a que estamos agarrados ?
¿Nos damos cuenta que no nos podemos soltar? ¿Qué esta esperando
nuestra rama para romperse?
¿Quién o qué la puede cortar? ¿Cuáles son las razones que hoy nos
impiden levantar vuelo? ¿Estamos haciendo algo importante?
"No podemos descubrir nuevos mares a menos que tengas el coraje de
perder de vista la costa" Vivimos dentro de una zona de comodidad
donde nos movemos, creemos que eso es lo único que existe. Dentro de
esa zona esta todo lo que sabemos y todo lo que creemos.
Viven nuestros valores, nuestros miedos y nuestras limitaciones. En
esa zona reina nuestro pasado y nuestra historia. Todo lo conocido,
cotidiano y fácil. Es nuestra zona de confort y por lo general
creemos que es nuestro único lugar y modo de vivir.
Tenemos sueños, queremos resultados extraordinarios, buscamos
oportunidades pero no siempre estamos dispuestos a correr riesgos, no
siempre estamos dispuestos a transitar caminos difíciles o incómodos.
Nos conformamos con lo que tenemos, creemos que es lo único y posible y aprendemos a vivir desde la resignación.
El liderazgo es la habilidad que podemos adquirir cuando aprendemos a
ampliar nuestra zona de comodidad.
Cuando estamos dispuestos a correr riesgos. Cuando aprendemos a
caminar en la cuerda floja. Cuando estamos dispuestos a levantar la
vara que nos regalo Dios y que mide nuestra potencialidad.
Un verdadero líder tiene seguridad en si mismo para permanecer solo,
coraje para tomar las decisiones mas difíciles, audacia para transitar hacia lo nuevo con pasión y ternura suficiente para escuchar las necesidades de los demás.
El hombre no busca ser un líder, se convierte en líder por la calidad
de sus acciones y la integridad de sus intentos.
Los lideres son como las águilas, no vuelan en bandadas, los encuentras cada tanto y volando solos... Nadie vendrá a rescatarnos.
Nadie cortara la rama nosotros somos los magos el futuro esta en
nuestras manos